"Aquel que conquista a otros es fuerte; aquel que se conquista a si mismo es poderoso" Lao Tse




jueves, 3 de enero de 2013


¡FUERZA DE VOLUNTAD!


      Durante años he escuchado en mi entorno esta expresión y siempre me ha chirriado un poco. Todos anhelamos tener esa fuerza de voluntad para hacerle frente a todo lo que se nos ponga por delante. A todos nos gustaría a primeros de año tener un buen puñado de fuerza de voluntad para acometer todos esos proyectos que están esperando en el cajón.

      Yo también la querría para mí, por ejemplo, a la hora de ser mas constante con este blog. Pero lo cierto, es que puede que no estemos usando bien el concepto, y ponemos, como es habitual el carro delante de los bueyes. ¿Necesitamos fuerza de voluntad para hacer cosas, o hacer cosas para tener fuerza de voluntad?

      Lo que quiero decir, es que yo diferenciaría los “DEBO” y los “QUIERO” o “NECESITO”. Lo primero viene de fuera, es algo impuesto desde el exterior por algo o alguien por encima de nosotros. Puede ser nuestra educación, cultura o pepito grillo...

      Cuando alguien “debe” hacer algo, necesita una buena dosis de fuerza de voluntad. El detonante puede ser esa energía que viene del exterior, pero después necesito el combustible de la fuerza de voluntad para que se mantenga en funcionamiento.

      En el caso de querer o necesitar algo, estamos en una situación distinta. Se parece más a una pulsión, un instinto que se dirige de dentro a fuera. Nosotros generamos la energía que mantiene nuestra conducta, somos autosuficientes.

      Para llevar a cabo esos buenos propósitos, solo hay que buscar ese combustible interno, esa motivación que me lleva a necesitar hacer algo o alcanzar una meta. Hay que ir del “debo” al “necesito”.

Yo representaría este camino como un continuo:



DEBO à   TENGO  à  QUIERO à  NECESITO à   T.O.C.


      En los extremos están las conductas más rígidas y patológicas. En un extremo el “DEBO” angustioso que ni come ni deja comer. Si lo hago mal y sino también.

      En el otro extremo una patología importante como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) en el que perdemos nuestro control. Lo hago sí o sí.


     Para entenderlo mejor:

Debo beber agua, he oído que hay que beber unos 2 litros al día y yo no llego ni a uno.
Tengo que beber agua, el médico me ha dicho que le va bien a mi hipertensión.
Quiero beber agua, tengo sed llevo toda la mañana sin beber.
Necesito beber, estoy deshidratándome. Dos días en el desierto sin beber no puede ser bueno.
Me obsesiona beber. Necesito beber a todas horas. Me han dicho que tengo una cosa que se llama “potomanía”.





      Y ya en el terreno de los buenos propósitos ¿alguien se ha propuesto hacer ejercicio este año?

-         Hay gente que puede pensar que DEBE hacer ejercicio. Esta gordito y por lo que ve en la tele la gente “guapa” no tiene su talla.

-         A otros, el médico les ha dicho que TIENEN que hacer ejercicio. Están por encima de su peso y les va a ir bien para bajar el colesterol...

-         Hay algunos que QUIEREN hacer ejercicio. Saben que les va a venir bien física y mentalmente y obtener unos beneficios como consecuencia. Pero además, disfrutan con el proceso, lo hacen porque quieren (¿por amor al arte?).

-         Hay quien NECESITA hacerlo. El ejercicio forma parte de su vida, como el respirar o el comer. A veces, todo gira en torno a ello.

-         Por último, el que se OBSESIONA con el ejercicio. Su vida se resiente en el momento que la palabra Vigorexia revolotea por su cabeza.



      Cada uno de nosotros se puede identificar con cada uno de los grupos. ¿Cuál de ellos tiene más probabilidad de llevar a cabo la conducta (el ejercicio)? ¿Y cuál de ellos conseguirá sentirse mejor?.

      Siguiendo a Aristóteles, en el justo medio está la virtud.

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